Me acuerdo cuando me bebí esa cerveza de 11° que sabía a puro metal, una cerveza agria y apática. Lo mejor y peor de todo es que volví a probarla, me encantó. No por su sabor (al final acabó por atraerme), sino por la personalidad que tenía.
De ahí nace Mala Idea, una cerveza con el mismo sabor intenso que acabarás volviendo a probar, fruto de las malas decisiones que cometemos todos los días que a veces acaban convirtiéndose en rutina.
El territorio de Mala Idea es el peligro y el gusto a ello que conlleva. Con ella, apuntamos a un estilo de vida rebelde, canalla, irreverente y nocturno, un público que sabemos que está aburrido de las cervezas de siempre y quiere demostrar lo mucho que vale, tragándose 50cl de una cerveza que sienta como una patada en la garganta, pero que nunca olvidarás.